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RESULTADOS:        United 3 - 2 Motor Carrera

lunes, 4 de mayo de 2015

Los parones son para el finde

Resultado V

El único parón bueno que existe es el que ciertos componentes de este equipo hacen de viernes a domingo, cuando se convierten en almas nocturnas. En cuanto al futbolístico, a Motor Carrera, le sienta mal. Es un dato histórico contra el que no se puede luchar, aunque al menos permite comprobar lo cierto de esa frase de entrenador: se juega como se entrena. Pues eso, nada.

Aun con todo, el comienzo del partido no podía ser más prometedor: Motor Carrera llegaba con peligro hasta las inmediaciones de la portería rival y aunque los disparos brillaban por su ausencia, las sensaciones no eran todo lo negativas que cabría esperar después de un mes sin darle patadas a un balón. Como en la vida, no sirve de nada acorralar si no se tiene claro cómo terminar. Así, los yanquisespañoles, que parecían muy tiernos, necesitaron llegar una vez para, con algo (bastante) de fortuna, ponerse por delante con un disparo que se coló en la portería tras tocar en Rubén y el palo. La primera parte siguió los cauces del quiero y no puedo, de algún encontronazo de aeronáuticos con rivales sacados de Regreso al futuro y con golesuy que no fueron más que eso, calentar el horno para no cocinar. Manolo Lama, con tanta desidia, señaló el descanso.

IMG_6292¿Se puede ser más feo? No…no se puede Mostris

En la reanudación el ritmo no es que fuese el del partidodefutbolmasapasionantejamasvisto, pero sí creció la intensidad de Motor Carrera. Las bandas funcionaban pero los remates no: como prueba de ello fue el colar hasta tres veces el balón al parque colindante, una genialidad táctica para que el rival pensase que teníamos una puntería, por decirlo suavemente, de mierda. El despiste surtió efecto y en una falta lateral agarró el balón Rubén, nuestro defensa benemérito, para colocar el balón en la escuadra y, de paso, casi lesionar a su portero. El empate en el marcador, además de tranquilizar los ánimos, nos hizo confiarnos. Un error que cometemos con la misma facilidad que Álvaro cambia de parecer sobre cualquier tema (menos de Batman. Batman siempre será el bien) y que nos suele costar goles. En esta ocasión no iba a ser diferente y un despeje afrancesado de Chechu al borde del área propia dejó en ventaja al rival que con suerte y cayéndose (todo hay que decirlo) logró tocar el balón para colarlo en la portería. De nuevo por detrás en el marcador, de nuevo esas situaciones que ponen a los motorcarrerísticos. Renunciando al rustic style, el equipo tocaba desde la defensa en un claro ataque al clementismo, y en esas estábamos cuando Víctor enganchó la pelota todavía en nuestro campo y tras oír los cantos de sirena de Chocho (“¡enchufa! ¡enchufa! ¡enchufa!”) decidió (¡oh! Sorpresa) enchufar. Un buen disparo que tras un pase de pecho del propio Chocho logró convertirse en el empate a dos.

Las ganas de cerrar una remontada empezaron a lanzarnos al ataque, varias ocasiones así lo atestiguan, pero tantas ganas teníamos que descuidamos la defensa y nos pillaron en un par de contraataques (para ser justos, los contraataques en los campos pequeños son medio sprint). En uno de ellos el rival logró encarar a este redactor y guardameta de circunstancias el pasado domingo y aunque consiguió detener el balón, no pudo evitar que Víctor no despejase y que el rival volviese a recoger la pelota en clara posición de marcar. Algo que sucedió penalti mediante, después de que Chocho desviase a más fuera un balón que ya se iba fuera; aunque por ese sutil detalle el colegiado no le expulsó (aunque él ya se iba cabizbajo), sino que le mostró la amarilla. El lanzador tiró al centro, algo que debería estar penado con la expulsión inmediata, y el gol subió al marcador. En los pocos minutos que quedaban se intentó que el añorado rustic style reviviese los buenos momentos, pero no fue posible. Aún así, el equipo luchó aunque seamos sinceros, luchar para perder es una puta mierda.

Datos de (des)interés:

  • Las ausencias corrieron a cargo de dos chicos de la periferia (del sur Luisillo; por el norte, Diego) y de Fernandito, que no se sabe muy bien dónde ubicarle.As
  • La afición de Motor Carrera tampoco acudió en masa por el miedo a que se le rizase el pelo con la lluvia. Mar no falló y tuvimos la novedad de tener público internacional, la nueva amiga/novia de Álvaro, venida directamente de Asia. Dato curioso que de todas las visitas allá de nuestras fronteras, todas han sido asiáticas (que yo recuerde: dos australianas y una china. Badajoz todavía no sé dónde ubicarlo).
  • La tabla de goleadores no sufre grandes cambios. Rubén se desmarcar del pelotón de los monogoles y se sitúa con dos tantos en la temporada y Víctor suma 9, por lo que se acerca al podio que cierra su primo. Tensión en los dos partidos que faltan.
  • La portería tuvo de inquilino a un servidor. Chocho, amariconado por meter la mano no sabemos dónde (aunque algo dijo del culo), se borró de la portería para, además, no marcar ningún tanto. Marcaron tres tantos, creo que poco pude hacer, aunque tuve un momento casillista con una salida a buscar no sé qué…
  • El momento cómico-taurino tiene de protagonista, precisamente, a Chocho. Díganme si no es cómico que un portero al que siempre se le acuse de no usar nunca las manos y que pare todo con los pies (el mote de portero-karateka no es gratuito) tiene la feliz idea de usar las manos…¡cuando no las debe usar! Paró un disparo que no entraba, pero lo paró. Lástima que el colegiado no considerase sus reflejos y señalase penalti… La ironía nos invade; ¡sed felices!
  • El tercer tiempo se desarrolló en la famosa Burgos. Comprobamos que los chinos pueden beber cerveza y que el parón no ha frenado nuestra capacidad de ingerir alcohol.

Así se cierra la crónica de un encuentro perdido, pero que no nos debe hacer abandonar la idea de que podemos pasar. Ganando los dos partidos restantes y…esperando que estos americanos no ganen lo que les queda todo puede ser. Ánimo chicos, que esto está hecho.

Escrito por: Xaime Méndez Baudot

 

Bonus track:

¿Por qué nos hacemos esto?

XAIME MÉNDEZ

Cada uno nace con los defectos que quiere o puede permitirse y aquí, servidor, salió preguntón. ¿Por qué hay un bosque dentro de mi ginebra? ¿Qué fue de Tania Sánchez? ¿Y de Gravesen? ¿Ya nadie se acuerda deRamón, el vanidoso de Pitis? Madrid está llena de olvidos.

Existen preguntas que más que respuesta, buscan justificar una locura. No hay otro calificativo a coger una tarde de domingo y plantarse en un polideportivo a intentar hacer algo que el único parecido que tiene con eso que ves desde el sofá es que, a cada extremo del campo, hay una portería. "¿Por qué nos hacemos esto?", me repito cada fin de semana mientras intento recordar qué iba antes, si espirar o inspirar, y veo a mi alrededor otros cinco campos de fútbol llenos de personas que de lunes a viernes son el terror de la oficina y que, con la canilla al viento intentando ser Cristiano con barriga, pierden el poder incluso sobre su propio cuerpo. A esas alturas, el ingenio sustituye a la calidad física y los partidos deberían decidirse por lo original del nombre del equipo: Macabbi de levantar,Bayer de los Caídos, Proyecto Hombre...

La única respuesta es que así, juntándote con los amigos para dar patadas, crees ganar al tiempo, ese que te vence en el justo momento en que te das cuenta de que los jugadores de tu equipo son más jóvenes que tú. Madrid ayuda a cumplir esta ilusión organizando los juegos municipales en infinidad de deportes -incluso para ti, rarito, tienen béisbol- y cada barrio cuenta con su polideportivo de la misma forma que cada provincia de España aspira a su aeropuerto. No niego que el ejercicio físico iguale a la gente, las agujetas no distinguen entre banquero y desahuciado, pero es engañarse llamar deporte a algo que ya no se divide en minutos, sino en la medida estándar del antideportista: en cigarros. En un partido de aficionados, el tercer tiempo es lo único que consideras que juegas en casa -el bar, la cerveza servida acorde al reglamento, como dicta Xavi, tu gente, tu afición-. Lo malo, claro, es que para llegar a él has tenido que pasar por los dos primeros.

Siempre digo que entre las luchas más épicas -Troya contra los aqueos, Ahab contra Moby Dick o Vegeta contra Célula- se cuela la de un futbolista ocasional contra él mismo. Una pelea perdida a la que siempre volvemos por yonkis. Hay dos posibles finales, pero sólo uno no incluye sonido de ambulancia: dejarlo, pero irse es una derrota mayor que constatar, tranquilo, que ya no te importa ser portero.

@xxmendez

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