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RESULTADOS:        United 3 - 2 Motor Carrera

lunes, 15 de febrero de 2016

Honra sin barco


Éramos sólo siete. Enfrente, el líder. Los elementos agarrotaban las piernas. La nieve comenzaba a caer. Y con todo, Motor Carrera se plantó en el campo de batalla y opuso resistencia. Más que eso, opuso robustez, sobriedad, compromiso y entrega. Con todo ello perdimos. El barco se hundía, pero la honra permanecía intacta.

Con una novedosa formación 3-3 nos enfrentamos a United, líder de la clasificación y del estilismo futbolero clásico merced a su número 22, con camiseta de los años 80, barba y boina. De hecho fue él quien logró romper el cerocerismo (que diría SúperGarcía) cuando ya pasaba más de la mitad de la primera parte. Un disparodespejetropiezo (este redactor no logra distinguir cuál de las tres cosas quiso hacer) con la puntera se convirtió en un golazo ante el que sólo cabía sobreponerse. La defensa férrea daba paso a rustic style en ataque, con alguna peinada de cabeza de Álvaro que generaba un clima de peligro sin concretar. Y con el 1-0 y los huevos encima de la mesa nos fuimos al descanso.

En la reanudación, el abajofirmante marcaba de saque desde el centro del campo. Si no añadiese nada más el lector entendería que fue un golazo, pero en una prueba más de mi humildad continuaré el relato: un disparo fuerte, pero raso y corto, que votaba un par de veces antes de llegar a la portería terminaba siendo el empate a uno debido al exceso de confianza del portero. Ya pensaba a quién pasarle el balón y lo que terminó pasando fue, en efecto, el propio balón. Comenzábamos la segunda mitad con ánimos renovados, consiguiendo que con toda una mitad por delante campease el empate en el marcador. Sin embargo, pronto llegaron las dificultades. En un saque de banda más propio de rugby (por la distancia) el rival logró rematar, y aunque Chocho se estiró más de lo recomendable para su espalda y logró rechazar la pelota, ésta se equivocó al decidir caer en las piernas de un jugador del United en lugar de en la de los nuestros. Y pum, remachaba a la red el 2-1.

Se olía la Heroica pero no se la veía. Como cuando estás subiendo a tu casa oliendo todos los platos que se están cocinando en los pisos por los que pasas, te imaginas lo que habrá en la tuya y al llegar y abrir la nevera hay una lechuga, medio tomate y un bote de mostaza. En una de las pocas pérdidas de balón de Motor Carrera en el partido de ayer cayó el tercero. Una contra ante la que nada pudo hacer Chocho en el dos contra uno que se le vino encima. Pero entonces Heroica, esa esquiva zorra que ya hemos mencionado, nos enseñó la pierna: penalti a favor de Motor Carrera. Un defensa de United decidió saltar a despejar un balón con los brazos en posición aeróbicamente anti-futbolera y claro, al árbitro imberbe (un clon de Abraham Mateo, googleen su nombre) no le quedó más remedio que pitar. Álvaro se encontraba pletórico de confianza, henchido el pecho de saber lo que tenía que hacer y pidió al ‘10’ motorcarrerístico lanzar la pena máxima. Y no para hacer un Messi, no. Para tirar. Uno pensaría que pretendería reventarla, pero fue una lástima comprobar que el concepto de Álvaro de “reventar” difiera tanto del de la RAE. Lo que Álvaro perpetró desde el punto de penalti fue lo más parecido a un pase ortopédico y disfuncional al portero. En efecto, Heroica se había convertido en una calientapollas.

Pero nos dio igual y seguimos buscándola. Adelantamos la presión, provocando dos pérdidas en su defensa que estuvieron cerca de recortar el marcador. Y a la tercera fue la vencida, un mal pase atrás dejaba a este redactor solo contra el portero. Y no falló. Quedaban 13 minutos. Trece minutos en los que colgamos balones, presionamos, hicimos faltas, sacamos balones complicados en defensa, disparamos y, en definitiva, nos vaciamos. A falta de 30 segundos todos, incluido Chocho, estábamos en el área rival esperando que Luis nos pusiese un córner. Y después dio tiempo a una falta que el céspet (como se quejaría Xavi) se encargó de jodernos.

Entonces el árbitro pitó. El 3-2 era definitivo: habíamos perdido. Pero nos fuimos a tomar una copa o una cerveza (cada uno eligió lo que quiso, viva la libertad) con la cabeza más alta que en cualquier otro partido.

Datos de (des)interés:

  • Al encuentro se acudió en cuadro. Sólo siete hombres disponibles, ni cambios ni hostias. Las ausencias, numerosísimas, fueron: Rubén y Luisillo sin saber muy bien dónde; José matando venados (Charlie, son lo mismo que los ciervos); Pedro, travistiéndose en Tenerife, y Marcos, que se lesiona por ser infiel a Motor Carrera y jugar en otro equipo.
  • Mención honorífica para la única aficionada que estuvo pendiente al encuentro. Ana, alias La Cordobesa, aguantó la nieve, el viento y el frío. Desde aquí, nuestro respeto más profundo y sincero.
  • La tabla de goleadores sigue destacando a Xaime (alias YO) como máximo anotador. Si ya era líder, sus dos tantos de ayer y la incomparecencia de Marcos le afianza en su puesto. Ya van 15, a cinco de Marcos.
  • En la portería, destacar que nuestro portero karateka poco pudo hacer en los dos goles y si bien es cierto que no tuvo paradones de los de foto, sí estuvo seguro. Algo complicado en las condiciones en las que se jugaba (este halago gratuito tómalo como mi tributo a Ana por haber venido a vernos).
  • Tercer tiempo burgalés. Chechu y Chocho abandonaron y yo sólo me tomé una, por lo que fue un tercer tiempo, como el partido, escaso de personal. Compensé mi falta de tiempo con un cubata en lugar de la tradicional cerveza. Eso se llama BALANZA.

Álvaro y su penalti.


Escrito por: Xaime Méndez Baudot

martes, 9 de febrero de 2016

Cuando la resaca no es de víctoria



Existe momentos excepcionales en la Historia en los que la humanidad ha llevado a cabo grandes esfuerzos. Los esclavos construyendo las pirámides de Egipto, los judíos 40 años caminando por el desierto buscando la “tierra prometida” o, por poner un ejemplo de este siglo, intentar recordar un partido de fútbol después de un Que no nos falte de ná en el que, por no faltar, no faltó ni la resaca.

Por suerte marqué tres goles. Y en mi humilde egocentrismo es algo difícil de olvidar por mucho whisky con el que se intenté empapar tal hazaña más propia de dioses que de simples mortales. Lo que a continuación se relata es una crónica a trazos debido a las lagunas propias de la edad, el paso de los días y, ya dijimos, de vivir fernanditada más allá de la medianoche:

Segundo encuentro consecutivo en el Panceta Arena con más público del habitual. Sospechoso teniendo en cuenta que estaba anunciado el pospartido más salvaje. Campaba el 0-0 a sus anchas por el campo hasta que una falta en el borde del área supuso un deja vu de la jornada anterior: gol del abajofirmante. En esta ocasión, eso sí, con cierta colaboración del portero. Poco duró la alegría, ya que en una jugada de ataque rival, el balón impactó en la mano de este redactor dentro del área. Lo peor es que el árbitro lo vio. Luis acertó el sitio del disparo, pero su mano blanda no detuvo la pelotita. Por suerte, una buena jugada por el centro de Álvaro y el 10 de MC terminó con un lanzamiento cruzado que nos daba ventaja y, de nuevo por desgracia, el 2-1 duró poco. Aquí viene el primer lapsus del encuentro: Partido a partido lograba empatar, sí, pero a mí no me pregunten cómo.

Durante la segunda parte se mascaba la trágica condición de MC. Esto es: complicarle la vida a los equipos de la parte alta de la clasificación y convertirnos en Cáritas ante los colistas. El 2-2 no se movía y éramos incapaces de hacer gol hasta que en una jugada de banda terminó con Rubén intentando rematar de cabeza y un defensor intentando despejar con la bota la cabeza del benemérito defensa. Libre indirecto dentro del área. Pedro puso una cara que podría interpretarse como algo así: “chavales, quitaos de en medio porque os pienso reventar el balón a menos de un metro de distancia. Vais a morir o va a ser gol. No hay otra opción”. No celebramos ningún funeral ergo…¡gol de MC! La ventaja no nos permitía estar tranquilos, ya que el partido era de esos raros en los que no lográbamos marcar a pesar de las facilidades que nos ponían. Vamos, lo que Charlie llama “un sábado noche cualquiera”. Pero en un robo desde atrás de Rubén, que se recorrió todo el campo, llegó la tranquilidad. Su pase de la muerte en forma de pedrada lo aprovechó la espinilla de Marcos para anotar el 4-2 que, por fin, nos hacía respirar y empezar a pensar en qué pedir para que Fernandito se dejase los cuartos en el tercer  tiempo.

Antes del pitido final, el equipo tuvo tiempo de fallar alguna ocasión más o menos clara (mi memoria no me permite recordar quién ni cuál exactamente) y a que de nuevo YO anotase otro gol. Poco más hay que contar de un partido que pone punto final a la primera vuelta y que nos deja en el tren de cabeza. Pelea de leones.

Datos de (des)interés:

  • Bajas por incomparecencia de Marco, Luisillo y Chocho, necesitado de un poco de sur para poder ver el norte.
  • Afición notable con presencia de Julia, Rocío, Mar, Bea < 3 y Blanca de Álvaro, pero no novia, hermana, que oliendo lo que se venía por encima decidió volver a asistir a un partido de Motor Carrera más de un año después. Traidoras al fútbol pero fieles al alcohol, se sumaron tras el encuentro las cónyuges de Marcos y Fernandito.
  • El Pichichi sigue encabezado por mi persona con tres tantos de diferencia sobre Marcos. Pedro abandona el pelotón de los monogoleadores para sumarse al de bigoleadores, donde le esperaban con los brazos abiertos Charlie (me acabo de sorprender tanto como vosotros al mirarlo) y Fernandito.
  • De nuevo cambio en la portería ante la insistencia de Chocho por no venir. En esta ocasión, la primera mitad nuestra portería estuvo defendida por Luis, que encajó dos tantos, cediendo los guantes a Álvaro en la segunda. Todos nos temíamos lo peor pero, sorprendentemente, no le cayó ningún gol ni tuvo a bien deleitarnos con un gif de mono colgante.
  • El tercer tiempo fue el tradicional Que no nos falte de ná de Fernandito, que celebra su cumpleaños rodeado de nosotros ante la vergüenza que le supone presentarnos a sus verdaderos amigos. Trasladamos los fastos y festejos hasta el Palomar del leal Fernando para servirnos bien de comer, beber y de Real Madrid. La falsa alarma de que Fer no iba a tener cartera casi provoca una estampida, pero finalmente su tarjeta de crédito se puso al servicio de nuestros hígados y los más osados le dimos caña a la bebida. Desde este vloj dar las gracias a Fer y le emplazamos a cumplir muchos más años. Si puede ser todos los domingos, mejor.

Así termina esta crónica. Ahora queda la parte más dura: una segunda vuelta de los seis mejores equipos de la Liga. Ahí es donde hay que demostrar que somos los onvres que todos creemos cuando nos miramos al espejo. O, al menos, intentarlo. Ser (sic) malos, como diría el mandatado a formar Gobierno.



Escrito por: Xaime Méndez Baudot

martes, 26 de enero de 2016

No te equivoques



Hay domingos que se levantan equivocados y no hay Dios que los corrija. Ayer fue uno de ellos y decidió ser abril en enero y que empataran, de menor a mayor importancia, Real Madrid, Deportivo y Motor Carrera.

Un domingo equivocado es como un borracho, él es feliz con independencia de lo acertado de sus decisiones. Contra cualquiera de los dos sólo cabe una posibilidad: unirse a él, ya sea con copa en la mano o equivocándote. Durante el partido de ayer –y el tercer tiempo es parte del partido– los hubo de los primeros y de los segundos. En un caso extremo, coincide el borracho y el equivocado en el mismo cuerpo. Todos sabéis de quién hablamos, pero para despistados, aquí va una pista.

No hay más preguntas, señoría

Sí, amigos. El Beckham de Sanse estuvo a copas (dos pelotazos con Red Bull convalidan primero de Insomnio y Pulsometría) y a equivocarse, hablando de memoria, en dos ocasiones. La primera, con el marcador adverso, al correr hacia la izquierda un balón en largo de Chocho que iba hacia su derecha (y haciendo un escorzo que en cualquiera parecería ortopédico, pero no en el lord madrileño). La segunda en una acción que definiremos como de portero-delantero. Él remata y él la para, no necesita a nadie. Corría el ‘14’ motorcarrerística hacia el balón, sacando chepa e intentando que su cabeza se cruzase en la trayectoria del balón. Lo logró, pero en esa búsqueda del balón sus brazos iban en una posición la mar de cómoda para correr y rematar: abiertos y hacia arriba. La alegría de conseguir rematar le duró a Charlie aproximadamente 0,5 segundos, el tiempo que fue desde que remató hasta que el balón se detuvo en su mano. El rival protestó la mano cuando, en realidad, la debíamos haber protestado nosotros. Si lo intenta, no lo consigue.

Antes de ese momento de gloria, que llegó en la segunda mitad, el encuentro discurría con un estilo de juego claro que llevamos a cabo los dos equipos: colgar balones. Así llegaron dos de los cuatro goles que se marcaron. El primero, un saque de Chocho hacia este nada humilde redactor que le gana la espalda a su defensa, controla en el área y cruza el balón ante la salida del portero del Maped, que nada pudo hacer por evitar que MC se pusiese por delante. (dato: más que al portero titular del Maped original, Ed Warner, su parecido estaba más en Teo Sellers, portero del Naniwa).

Imagen a escala real de la diferencia existente entre el Teo Sellers de Hortaleza y el ‘10’ de Motor Carrera

Con el 1-0, el rustic style seguía campando a sus anchas por el Panceta Arena, lo cual llenaba nuestros pechos de orgullo y las áreas de balones volados. Maped y Motor Carrera alabaron el fútbol clásico como pocas veces se ha visto aunque ellos, algo más acomplejados por usar este recurso, daban dos pases en corto entre sus defensas antes de meterlo a la olla. Cazar algún pase no era tarea fácil, pero Álvaro tuvo una oportunidad en una jugada que, tras intentar hacer un sombrero al portero, terminó en un mero ¡goooolUYY! Al borde del descanso, cuando nos veíamos descansando con la ventaja del gol, Chechu se sumó al domingo equivocado con una decisión que con eufemismos podríamos denominar arriesgada pero que aquí, amigos del conflicto, la tacharemos de cagada como el sombrero de un picador de grande. En un saque de banda a nuestro favor a la altura de nuestra defensa, José le cede el balón al Chechu que, de espaldas y con dos rivales, decide que no es un gato, sino Neymar y que despejar no, que el sombrerito de espaldas para irse de dos. No sabemos con qué intención, pero sí sabemos cómo acabó: con el balón en la frontal del área en los pies de un rival que, sin oposición, dispara cruzado. Los pies de Chocho, inexplicablemente, no llegan a cruzarse toda la portería y la pelotita entra. El 1-1 decía muy a las claras lo que estaba sucediendo: que íbamos empate.

En la reanudación, MC tenía la ventaja de que el rival jugase con el sol de cara. Sin embargo, la ceguera estuvo de nuestro lado (aquí le vamos a dar la equivocación a Chocho, tan fan de la línea de gol como su ídolo Iker) al dejar a un tipo rematar de cabeza no cerca, no como a dos cuerpos de distancia, no. Al lado, literal, de Chocho. Gol raruno, pero gol. El rustic style nos  traicionaba dejando que el rival también se beneficiase de sus virtudes y con ese dolor en nuestros corazones anduvimos como alma en pena un buen rato. Sin cuajar ninguna buena jugada más allá de un par de tiros, el escorzo aquel de Charlie ya referido y un par de córner, nos veíamos abocados a apelar a la épica. Tan recurrente en estos casos y cuando no habías estudiado el examen del día siguiente.

Nuestras oraciones recibieron respuesta en una falta. ¿Marcó Pedro? Sorprendentemente no. Una falta para zurdo que pidió un zurdo. No haré mucho énfasis en destacar que el golazo (tómese “–azo” como el sufijo para todo lo bueno del universo excepto para un caso que se mencionará un poco más adelante.) ha sido considerado por unanimidad de la redacción de este blog el mejor del año. Y PUNTO. Con el 2-2 descubrimos que el concepto del patapúm parriba podía alcanzar cotas nunca vistas y empezaron a llover balones hacia la portería de Chocho. Supimos sobrevivir a todos hasta la última jugada del partido, cuando un balón suelto en nuestra frontal fue cazado por un hípster rival que empaló el balón…contra mi estómago (como habréis supuesto, balonazo es la excepción de “–azo” como sufijo guay) que me dejó tirado en el suelo, sin saber dónde estaba y, lo peor, sin saber cómo iba eso de respirar. Los 30 segundos de partido que quedan no los recuerdo por insuficiencia respiratoria, pero imagino que terminó cuando el colegiado vallecano (se encargó de hacerlo patente alabando la victoria del Rayo) pitó.

Datos de (des)interés:
  • Las ausencias de Motor Carrera corrieron por parte de Fernandito (segunda ausencia consecutiva), cambiando sus obligaciones para con el fútbol por una playa canaria; Luisillo, sin excusa conocida; Rubén, suponemos que ennoviándose mucho y muy fuerte; y Marcos, perdiendo su liderazgo goleador por el norte de España (a ver si lo encuentras, colchonero).
  • Las gradas de Motor Carrera reverdecieron como en sus mejores días. El buen tiempo y la panceta arrastraron hasta los campos a Rocío, consorte de gato; Ana, consorte de Chocho; Bea, consorte de este que os escribe, y Julia, que consorte encuentra novio (chiste del día). Aún así, y aunque tres mujeres nos contemplaron durante una hora en pantalón corto, se echó en falta a la sempiterna Mar, con excusas tan malas como que tenía que estudiar. Primer aviso, cántabra.
  • La carrera por el Pichichi tiene cambio de líder. Con mis dos chirlos (que no Chirla) de ayer me coloco como máximo goleador con 10 goles, a uno de Marcos. Queda un partido y sólo puede quedar uno.
  • Chocho regresaba a la portería después de su ausencia de la semana pasada y previo a otro fin de semana en el que ya ha anunciado su intención de renunciar al partido en el que suele salir de la portería. Él sabrá. En cuanto a su actuación de ayer, ya hemos mencionado su alergia a salir de debajo de los palos y ayer, que lo hizo una vez, se fue hasta la banda a luchar un balón contra nuestra propia defensa. Bien ahí, Chocho. Tu última decisión acertada fue pedirle salir a Ana.
  • Tercer tiempo de terraceo primaveral entre bocadillos, cervezas y, como ya se ha referido, algún copazo que otro. Existió un cuarto tiempo, en el que el rematador a su propio brazo se autoinvitó a casa de este redactor para ver lo que el domingo equivocado decidió que tenía que ser un empate entre el Betis y el Madrí. Claro que sin distinguir las camisetas, igual los dos goles los metió el Madrid y nos están haciendo creer que no…
Así se da por cerrada la penúltima crónica de la primera vuelta. Queda un partido, a priori sencillo. Entonces sabremos si nos enfrentamos a la parte alta de la Liga o a la baja. Sea lo que sea, ha sido una competición divertida y nos merecemos un homenaje. ¡Brindemos por nosotros!
Salud, camaradas.

Escrito por: Xaime Méndez